29 Diciembre 2011

En mi opinión, el valle de reposo obligatorio que constituyen estos días, que se desperezan entre las celebraciones navideñas y el fin del año cristiano, conforma un período muy particular. A no ser que haya uno hecho planes para migrar y, con ello, deshacerse del peso de la inercia de las circunstancias habituales, las alternativas para saciar la demanda de actividad de cada hora hurtada al sueño son verdaderamente limitadas.
¿Trabajar? ¿Para qué? Nadie parece hacerlo y este tipo de urgencia, la laboral, solo se sostiene como el Islam, gracias a la coerción del colectivo. ¿Ir al cine? Después de ver las dos o tres películas que merecen el esfuerzo de aposentar el trasero en sillones diferentes a los de casa, la opción se agota. ¿Irse de copas? El impulso para ello es inversamente proporcional al frío y el pronóstico del tiempo es de temperaturas bajo cero y probablemente nieve. ¿Entregarnos a la lectura? Siendo que hemos descendido hasta el nivel de leer los ingredientes en las cajas del cereal del desayuno, por falta de otros materiales de mejor calado, no hay en ello oportunidades mayores. Así que, después de rasguñar con indolencia la guitarra, se opta por encender la caja boba para que la conjunción de nuestro cerebro y la proyección de sus líneas de electrones nos engañe una vez más, pintándonos esa realidad que solo existe cuando se la mira.
Enseguida nos encara un comercial. No podría ser de otra manera. El plasma verdadero que corre por las venas de la televisión y la alimenta reclama nuestra atención y yo, consciente de su importancia, no puedo negársela.
Es de Apple. Comienza exhibiendo una tableta. El receptáculo con los diez mandamientos para niñatos, empollones y tíos raritos que nos trajo San Jobs desde lo alto del monte Abdulfattah en Cupertino, CA. Enseguida pienso que el próximo chisme con el que la compañía de la manzana mordida ha de deleitarnos, ha de ser operable con la lengua. Es que eso de apuntar y empujar íconos con el dedo en la pantalla es muy cansado. Aparte de que impide la meta última de cada consumidor americano: surfear pornografía por Internet, atragantarse de comida basura y masturbarse, todo al mismo tiempo. En lugar del iPad, el iPaja. Atención a la pronunciación, ¡eh! Lo correcto es decir “hay paja”. Guardemos las formas que es el fuerte de Apple. Mis cavilaciones casi me hacen perderme el iPhone que ahora mismo están mostrando. La generación más reciente sigue los pasos dondequiera que uno va y le avergüenza cuando llega tarde a las citas. Vale. Pero estoy seguro de que continúa estropeando las comunicaciones, al interrumpir de forma inesperada cualquier conversación. En fin, un adminículo que no necesito adquirir porque mis suegros ya me han regalado otro con la misma funcionalidad: mi mujer.
A la manzana le siguen peras y melones. El tema es Victoria’s Secret y el video confirma mi sospecha eterna: que las tías solo se visten para que las admiren las otras tías. ¿Alguien conoce a un hombre promedio que se tome el trabajo de detallar las filigranas y tules que decoran a un sujetador? He dicho un hombre promedio. No me refiero ni a los maricones ni a Colin Firth. El Colin ese es alto, considerado, simpático, inteligente y sensible. Evidentemente, juega en la misma liga que George Clooney. Solo les falta eyacular chocolate para ser perfectos. A cualquier tío normalito lo que le interesa de un sujetador es si se desabrocha por delante o por detrás. Si por mi fuese, la lencería femenina sería toda a base de velcro.
Ahora pasan uno de mostaza Heinz. Y me acosa la reflexión de que la civilización occidental, capaz de poner un hombre en la luna, ha fallado miserablemente por milenios tratando de dispensar el condimento. Cuantas veces, en horas de almuerzo, he intentado aderezar un bocadillo para encontrarme con la desilusión de que el frasco de mostaza se mea en mi comida. Si. Ya sé que existe la posibilidad de agitar el frasco antes de usarlo, pero esto es el capitalismo. Alguien debería estar pensando en vender mostaza que no se separe nunca en sus componentes esenciales y, de paso, añadirle Viagra y enjuague bucal. Iría de maravilla con el iPaja.
¡Ah! Sin anestesia ni nada aparece Sir Richard Branson, pontificando sobre las ventajas de volar con Virgin Airlines. No, no se trata de sentirse como el espíritu santo, metido a la fuerza dentro de un tubo virginal, sino de las ventajas de tener un enchufe de corriente alterna en cada asiento. El concepto lo demuestra, diez segundos más tarde, una rubia muy potable, secándose el cabello en su sillón volante con un secador portátil. Me pregunto si el liquido que usó para humedecerlo será el fluido ese azul que ponen en el inodoro, porque en el lavabo de un avión no cabe ni una sola de esas tetas. Quizás un frote sostenido le sentaría bien a mis canas. Del fluido azulino, digo. Tal tono en las sienes es siempre una visión que infunde respeto. Pero el tener que hacer piruetas de yoga, boca abajo, para meter la cabeza en el váter me desanima. Eso del equilibrismo siempre se me ha dado fatal. Recuerdo la primera vez que me tocó cagar en un bote de remos. Pero me desvío. Creo que el comercial falla. Hubiese sido más efectivo mostrar a un ejecutivo acicalándose antes del aterrizaje, mientras exclama: “¡Ondia! Solo veinte minutos antes de tocar pista en Barcelona. Que bueno que he traído mi afeitadora eléctrica. Apenas tengo tiempo de rasurarme los cojones.”
El turno es de Twitter. Una tecnología que hasta ahora me he abstenido de usar. Alguien me ha dicho que es adictiva y que el usuario promedio envía mas de diez mensajes diarios. Lo que lo hace lucir como un hábito poco productivo. Se me ocurre que si se aplica el mismo esfuerzo al masturbarse, se queman mas calorías y se da mayor placer al mismo número de personas. Claro, hay quien necesita compartir su onanismo. Por eso tanta gente escribe. Lo que me recuerda: ¿por que coño pierdo el tiempo con la tele? Ahora mismo podría estar tocándome una gloria.
Así que lo dejo de este tamaño porque, habiendo encontrado ocupación de utilidad probada, servidor tiene que aprovechar, para su completa y rigurosa ejecución, que su mujer todavía no regresa de la peluquería y tal circunstancia no se presta para esperar al debut comercial del iPaja.
Que tengan Uds. buenas tardes.
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27 Diciembre 2011

Dejadme comenzar con una confesión: me encantan las fiestas religiosas. Cada vez que, generalmente como testigo involuntario, me descubro rodeado por la exhuberancia de sus manifestaciones, me siento como un chiquillo en un parque temático. Me refiero, por supuesto, a recintos como Disneylandia o Universal Studios porque, dada su mediocridad y la circunstancia del juicio a Paco Camps por sus corruptelas menores, los mamotretos pseudo-faraónicos de Valencia no dan la talla y creo que es mejor descartarlos.
En fin, quiero darle al tema un brevísimo repaso.
Estos días recién acabamos de celebrar en España y la mayor parte del primer mundo una de tales festividades. Resulta ser que el arquitecto de las leyes de la Física e hilandero del maravilloso tejido que es el ácido desoxirribonucleico escogió, hace cosa de un par de milenios, manifestarse en persona entre sus futuros aficionados adoptando una de tres personalidades (cosa de estar a la altura de cualquier esquizofrénico), y empotrarse en el útero de una virgen judía para nacer y, posteriormente, hacerse torturar y finalmente ser asesinado, porque no se le ocurrió alternativa mejor para perdonar el robo de una manzana, instigado por una serpiente parlante. Como creador de múltiples galaxias llenas de misterios y de una realidad que abunda en maravillas insondables, el tío no solo entiende de mecánica cuántica y gravedad relativista sino que se ha tomado el trabajo de su diseño: desde el bosón de Higgins hasta los huecos negros y la antimateria. Pero lo que verdaderamente le interesa es si el personal confiesa y comulga, las tías abortan y el cotilleo de quién se folla a quien y por qué agujero y, por supuesto, que los maricones no puedan matrimoniarse. Es que, obviamente, esos son los conceptos fundamentales que permiten funcionar al Universo.
Lo mejor de toda esta narración es que es aceptada a pie juntillas por los brillantísimos individuos que recién han conformado nuestro flamante nuevo gobierno y por la mayoría de gentes que les han votado. Nada mejor para sentirse confiado y seguro de que el futuro que nos espera ha de estar lleno de sensatez y competencia.
Pero no es cosa de sacar pecho y sentirnos únicos. En otros lugares del mundo hay gente que celebra la decapitación de aquellos que dibujan caricaturas de un forajido y criador de camellos que vivió en el desierto, violó a una menor de edad y se fue volando al cielo a lomos de un caballo alado. Claro, las festividades en honor de este personaje suelen caer por otras fechas. Sin dejar de mencionar la maravillosa parafernalia festiva de esos hijos de la tribu de adoradores de una divinidad que pobló la tierra a base de incestos sucesivos, infligiéndoles por el camino diluvios, pogromos y hasta el holocausto, para que aprendiesen en carne propia la administración de cabronadas, cosa de poder retribuirlas, un tiempo más tarde, a sus vecinos. Y hay aún quienes celebran la trasmigración de átomos del envoltorio corporal de un ciudadano, despreciando todas las leyes de la termodinámica y los balances de masa y materia, para renacer como una mofeta o un piojo alojado en el culo de cualquier pordiosero. El detalle que se requiere es adorar a un ser humano con cabeza de elefante o tres pares de brazos.
¿Quién coño necesita a Euro Disney, Epcott Center y aún a Rabelais, Swift o Quevedo para entregarse al encanto de tales fábulas? Si es que esta clarísimo que las fechas sagradas solo pueden ser motivo de absoluto jolgorio. Por ello me llenan de deleite.
Lo único que ha ensombrecido un poco mi alegría decembrina y mi disposición a compartir el espíritu de las fiestas es el cabreo de algunos de los celebrantes cuando uno no se suma a sus creencias, más allá de disfrutarlas como lo que son: leyendas y relatos de fantasía. De golpe y porrazo se vuelven intolerantes y violentos, quemando, torturando, apedreando, avasallando, insultando y despreciando a los que disienten. Lo mejor de todo es que esperan y sienten que merecen, con fe propia de lunáticos (que al fin y al cabo es lo que son), la tolerancia y el respeto que por milenios han negado a los demás. En fin… ¡qué se le va a hacer! Lo mejor es ignorarles y que viva el espíritu navideño. Feliz Navidad a todos.
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servido por Leoncio
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18 Diciembre 2011

Tomando prestadas palabras de otros a quienes bien quiero y mejor respeto, déjame confesarte, lector, que hasta ahora no he sido tan necio que diese en poeta malo, ni tan venturoso que haya merecido serlo bueno. Pero como alguna fuerza en mi interior me empuja a emborronar cuartillas, preñándolas de letras con pretensiones de ser verso, aventuro éstos que no han de cambiar las ecuaciones de la ciencia de Euterpe porque ya es sabido que, del infinito número de poetas, los buenos no llegan a decimales. Si por la huella de las garras se viene en conocimiento del felino, no sé qué conclusiones pergeñarás de su lectura porque poco arañan y menos rajan y su abundancia no es mucha, aunque haya dedicado a ellos la mejor de mis voluntades. Y aunque ya se sabe que de los hombres se hacen los poetas, no conduce la primera condición a un solo y seguro desenlace, añadido al obligado de morirse.
Libradas estas advertencias, bendigo el que pongas por obra el pensamiento de leerme y ruego que no castigue la travesía tan generosa intención con la necesidad de ponerte en cobro, para librarte de los daños y maleficios de los decires de un necio, que ninguno intento ni ambiciono, puesto que más me honraría el ser bellaco y aun recibir los azotes del verdugo. En cualquier caso, como ya toca esta introducción a despedida y es hora de que te hagas al camino, déjame saber de tu salud, llegada y suceso que estimo sean por fuerza positivas porque no hay andadura tan mala como se acabe. Ni siquiera por los predios de lo que pretende ser poesía.
POMAS TRUNCAS
Disponible en su versión electrónica por tres euros, o algo así, en:
http://bookstore.trafford.com/Products/SKU-000509216/Pomas-Truncas.aspx
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19 Noviembre 2011

“Siendo que es obvio que Dios limitó la inteligencia humana, me parece injusto que no haya limitado también su estupidez.”
Konrad Adenauer
A principios de noviembre de 1861, Aniceto Inestrillas y Fernández, un español común y corriente, natural de Ávila, convencido de que su mujer le envenenaba la comida, dejó de comerla. Tres semanas más tarde falleció de inanición.
La derecha española es hija del sentido común. Y no cesa de impresionarme el poder de la influencia de este fenómeno a lo largo y ancho de su ideario. La capacidad que tiene el Partido Popular para transmitirnos su seguridad absoluta de saber que lo que afirma lo respaldan las experiencias, convicciones y sensaciones del colectivo, sin otro filtro que el del saber popular, es algo único. No cabe ninguna duda. Vox populi, vox Dei.
Nada como el atractivo de la sensatez para motivarnos. Una cosa es repetir algo que hemos escuchado. Compartir una intuición. Apuntar una esperanza. Incluso regurgitar una lección recién aprendida. Siempre hay espacio para la duda. Otra cosa es el saber que lo que se afirma refleja el mensaje incontrastable de nuestra lógica y nuestras percepciones colectivas. Es lo que le da al sentido común el poder que tiene: la convicción de su certeza. Gracias a ella, le dejamos actuar como nuestro guía. ¡Y como actúa!
El sentido común es el que nos dijo por milenios que, dado que cualquier objeto que se pose sobre una esfera tiende a caerse, la Tierra debe ser plana. Y como el lugar donde vivimos no se mueve bajo nuestros pies con el transcurrir de cada día, es obvio que el Sol debe girar alrededor del planeta. El sentido común es ese maravilloso consejero que nos garantiza que es más seguro el coche que el avión, aunque las probabilidades probadas de morir en el primero sean veinte veces mayores; y que el inocular gérmenes voluntariamente a alguien sano es una locura, por lo cual las vacunas deberían ser prohibidas. El sentido común dicta que, como entre el canto del gallo y la aurora existe una correlación, el primero causa la segunda; y que si una pelota de tenis y una raqueta cuestan un Euro y diez céntimos y la raqueta cuesta un Euro más que la pelota, la pelota ha de costar diez céntimos.
Gracias al sentido común, la esclavitud en Norteamérica sobrevivió hasta bien entrada la segunda mitad del siglo diecinueve. Y Galileo no recibió el perdón papal sino hasta el siguiente. El sentido común nos legó las sanguijuelas y los sacrificios a los Dioses. Y el sentido común es el que afirma que los empresarios y los mercados, dejados a su libre albedrío, como nos lo propone la derecha española, tienen la solución para los males de España, Europa y el mundo y que el 9% de parados en América son culpa de Obama; así como los 5 millones en España lo son de Zapatero. Aznar, Rajoy, Espe y sus acólitos dixit y el sentido común lo refrenda.
Han pasado muchas lunas desde el día en que aprendí que el sentido común, en la acepción que lo asimila a la sensatez, es el menos común de los sentidos y que solo los imbéciles aceptan sus dictados. Abandonada la ciencia, la duda sistemática y el hecho de que la mente solo es buena justificando y falla miserablemente al tratar de determinar soluciones no triviales, el sentido común nos ha llevado y continuará llevando al desfiladero.
Por ello desespero al ver las encuestas, pero no me sorprenden. Un país donde la mayoría cree a pies juntillas que “no por mucho madrugar amanece más temprano”, al tiempo que está seguro de que “a quien madruga, Dios le ayuda”, reboza de sentido común y se merece a la derecha como gobierno ad aeternum.
Claro, llegado el momento de sacar las cuentas, ya se encontrarán con el hecho incontrastable de que la pelota solo vale cinco céntimos. Pero la raqueta la tendrán los del PP y el final del juego estará cantado para los millones de émulos contemporáneos de Aniceto Inestrillas y Fernández. Ciento cincuenta años más tarde, para joder a quien estiman culpable, escogerán el suicidio. Es de sentido común.
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servido por Leoncio
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9 Octubre 2011

Última encuesta: el 99% de los españoles cree que es más inteligente que el promedio. El 1% restante lo sabe con seguridad. Solo que no lo revelará al resto de los idiotas sino hasta después de que les hayan votado en las elecciones.
El Presidente Rodríguez Zapatero y su señora esposa decidieron recientemente renovar sus votos conyugales. La idea partió del mandatario, cansado de oír "no" a todo lo que propone.
Esperanza Aguirre confesó en una entrevista a la revista Hola que ser rico no es todo miel en hojuelas. Su infancia, por ejemplo, fue muy desgraciada porque, cada vez que se hospedaban en un hotel de cinco estrellas, su madre tenia la costumbre de hacer pis con la puerta del váter abierta.
El Partido Popular es el favorito de todos los molineros, gracias a la claridad de su filosofía política resumida en el eslogan: "Si quieres amasar fortuna, prepárate a convertir en harina al resto del personal."
La mayoría de los electores ignora las advertencias del Presidente Aznar sobre la terrible herencia que recibirá Don Mariano Rajoy Brey al asumir el gobierno. Si lo sabrá él, que es quien nos legó la burbuja inmobiliaria.
Dicen que el señor Trillo, escogencia segura para encabezar un ministerio en el próximo gobierno, lo merece de sobra porque es casi una figura del Renacimiento. No por su versatilidad y cultura, sino por sus hábitos higiénicos y su moral digna de un Borgia.
No se sabe cuál papel es más riesgoso en estos tiempos, si el de ser candidato del PSOE en las elecciones generales o el de dentista de dragones.
Los jueces de derecha celebran la promesa de reinstaurar la pena de muerte y, en consonancia con nuestro pasado islámico, sugieren utilizar el apedreamiento público. Con rocas gigantescas para quien sea de izquierdas y con arena para los militantes y cargos del PP.
Los mismos jueces aseguran que ninguna mujer con carné del PP puede ser llamada "zorra" porque el calificativo ofende la sensibilidad católica. El adjetivo correcto es "harpía".
La prueba de que el señor Rajoy no es un estadista es su promesa de dar el 110% de su esfuerzo para crear más puestos de trabajo. Esto refleja en un 100% su ignorancia estadística.
99.99% de todos los castillos en propiedad de particulares que hay en España están en manos de la derecha. Los de la izquierda suelen estar en peceras.
Un cartel político del PP pegado en la pared frente a mi ventana dice: "Con Mariano regresa el bienestar." Al verlo, pienso: "¡Ay, cartel, cartel! La de desilusiones que te esperan por ingenuo".
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17 Febrero 2011

Aunque no te resulte evidente, caro lector, servidor a menudo escribe sobre los grandísimos beneficios de tener una vida sexual saludable. Lo que ocurre es que masturbarse doce o trece veces al día agarrota los músculos de las manos mogollón, convirtiendo a la mejor de las caligrafías en jeroglíficos imposibles de descifrar. Ahora bien, si me lo preguntases verbalmente, te respondería que el sexo es muy importante para mantener las relaciones humanas. Especialmente cuando son sexuales.
Pero los beneficios de las actividades venéreas no se quedan ahí. Existe una miríada de efectos secundarios positivos asociados a ellas que solo recientemente han comenzado a ser descubiertos por la ciencia. Entre ellos destaca la influencia del acoplamiento libidinoso sobre la salud en general. Los investigadores se han encontrado, por ejemplo, con que el follar suele incrementar el número de momentos placenteros que ocurren en la vida de quienes practican la actividad.
En cualquier caso, para amortizar cualquier déficit informativo que pudiera aquejarte, en los próximos párrafos tratare de ponerte al día con los avances más importantes sobre este tema.
Mejoras en la apariencia
Un estudio de largo plazo realizado en una población de tres mil quinientos individuos, entre los 30 y los 90 años, reveló que los que suelen practicar más el sexo y, gracias a ello, lucir más atractivos, son los que están vivos. Los muertos, no tanto. Es más, a aquellos a los que se les trincó practicando el coito vigorosamente durante alguna de las pruebas médicas, se les pudo encontrar el pulso; mientras que a los que estaban inertes o cuasi-descompuestos, no. Los investigadores en el Hospital Real de Edimburgo en Escocia presentaron fotografías de los pacientes desnudos a un jurado imparcial, a cuyos miembros se les pidió que juzgasen el atractivo de los participantes. Solo respondieron con erecciones los hombres, ya que las mujeres argumentaron no tener miembro o sentir desprecio por la pornografía directa y en público. (A pesar de las protestas, no se les dejó mirar las imágenes subrepticiamente, como habían requerido enérgicamente las muy guarras.) Las fotos que generaron la mayor aprobación fueron las de la gente que estaba follando. Las que menos, las de aquellos que defecaban. ¿Cuál es la correlación entre el atractivo personal y la práctica del sexo? Los científicos especulan que, adicionalmente a las mejoras en auto-estima y confianza de los sujetos, el sexo incrementa la producción de hormonas de crecimiento en las retinas de los mirones, lo que podría causar el progreso en la apariencia que crea la excitación sexual. O como sintetiza el Dr. Seamus Francos: "Una polla lista para la acción no rechaza vagina aunque tenga tampón."
Mayor felicidad
No creo que sea necesario repetir que un mantecado bien administrado puede hacer feliz al más amargado, pero una monografía en la revista Anales de Conducta Sexual ha extendido el concepto hasta las mujeres y los homosexuales. Basado en un estudio de 300 participantes que buscaba demostrar la relación entre condones y depresión, se encontró que los individuos que nunca usaban condón eran los menos deprimidos y, los más infelices, los que usaban el adminículo siempre. ¿La razón? La hipótesis de trabajo avanzada por los investigadores es la de que los tejidos de la vagina y el recto absorben las prostaglandinas presentes en el semen y estas hormonas tienen un efecto que impulsa las sensaciones de bienestar. Lo que vendría a demostrar que tantos maricones no pueden estar equivocados. Los detractores, sin embargo, apuntan que las respuestas del estudio provienen mayormente de los individuos que practicaron la penetración. Si se incluye a los que la recibieron, los porcentajes disminuyen dramáticamente. Especialmente entre los que se quedaron preñados o a quienes se les transmitió una gonorrea.
Adelgazamiento
De manera promedio, el sexo quema cinco calorías por minuto, dependiendo del peso del individuo y de la intensidad de sus movimientos. Aun si solo se trata de besar a la pareja, la excitación puede incrementar el ritmo cardíaco, lo que conlleva un aumento de la quema de calorías corporal. Por ello te recomiendo que, si no te es posible acudir al gimnasio, copules mucho y con energía. Por ejemplo, para intensificar tus movimientos durante el coito, búscate una novia epiléptica y fóllala cada vez que le dé un ataque. O monta a tu pareja al estilo del perro y, una vez que tengas el pene en su interior, dile que las sensaciones son más intensas que las que te produce el culo de su hermana y sujétate a ella como el vaquero en el rodeo, cuando la parienta trate de sacudirte.
El combate de la gripe
El acoplamiento parece que también ayuda a combatir los catarros. Un estudio en la Universidad de Pensilvania documentó la existencia de altas concentraciones de inmunoglobulina A, un anticuerpo que mejora las prestaciones del sistema inmunológico, en aquellos estudiantes de primer curso que sostenían actividades sexuales una o dos veces por semana. El hecho de que la mitad del torrente sanguíneo de los mismos estaba compuesto por el abundante alcohol que hizo posible el sexo en primer lugar (y mató a todas las bacterias presentes en diez cuadras a la redonda), parece que no tiene nada que ver con el resultado.
La reducción del estrés
¿Deseas reducir los niveles de tu estrés? Echar un latazo pudiera ser la actividad que requieres para mantener la calma. Un trabajo científico de la Universidad Paisley en Escocia encontró que los pastores eran los que tenían menor estrés de entre todas las ocupaciones investigadas. Por lo menos hasta que la mujer les descubría follando a las ovejas.
Reducción de cardiopatías
Un reporte publicado recientemente en el Jornal del Colegio Americano de Cardiología anunció que la Disfunción Eréctil (DE) es a menudo el indicador prematuro de una salud vascular deficiente. Los investigadores siguieron a más de dos mil hombres por un periodo de cuatro años y encontraron que los que sufrían de DE tenían una probabilidad del 88% de que no se les pusiese rígida al requerirlo y del 100% de que no lo hiciese en medio de un infarto. Sin embargo, la dificultad desaparecía con el advenimiento del rigor mortis. Otro estudio demostró que aquellos individuos que disfrutan de tres orgasmos o más a la semana, están totalmente libres de enfermedades cardíacas. Una hipótesis es que la hormona llamada ADHE, que ayuda a la circulación y dilatación arterial, aumenta en el torrente sanguíneo con cada orgasmo. La otra hipótesis es la de que a los que están enfermos del corazón, los mata el orgasmo del primer polvo.
Longevidad
Por razones que no están del todo claras, la actividad sexual regular puede incrementar las expectativas de vida de los hombres. Un artículo en el Jornal Médico de Gran Bretaña reportó que, al analizar dos muestras poblacionales de casi mil individuos, los hombres que follaban menos de una vez al mes tenían una probabilidad de morir dos veces mayor que los que lo hacían una vez por semana. Una vez más, los críticos apuntan a posibles fallas metodológicas en la investigación. Por ejemplo, el hecho fortuito de que los individuos en la primera muestra fuesen miembros del Primer Regimiento de Dragones desplegado en Afganistán. Pero los varones no son los únicos que se benefician. La Universidad de Duke anunció que las mujeres que manifiestan disfrutar su vida sexual a plenitud suelen vivir de siete a ocho años más que las que no lo hacen. Especialmente si los siete u ocho años coinciden con la viudez.
En fin, dilecto leyente, olvídate de las consejas sobre los alimentos o el medio ambiente. Para sentirte saludable y atractivo y para vivir mucho tiempo, un orgasmo o dos a la semana parece ser el remedio más efectivo y placentero. Y si no lo es, que te quiten lo bailado y que se joda la caligrafía.
servido por Leoncio
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10 Febrero 2011

No sé si sabéis que la construcción de todas las viviendas unifamiliares en Estados Unidos, y aun la de muchísimos edificios de poca altura, se hace casi toda a base de madera, derivados de ésta y materiales sintéticos. Esto hace que las residencias sean tremendamente combustibles y convierte a los incendios en eventos de propagación muy rápida y consecuencias letales.
Es curioso pero, a pesar de lo pueda parecer al poco enterado, contemplando la profusión de nieve y hielo que la acompaña, la época donde hay más incendios de edificaciones es el invierno. En estas fechas acechan las llamas, en multitud de ocasiones, debido a la mezcla fatal de los descuidos con la presencia de la calefacción.
Traigo el tema a colación porque, recientemente, en un pueblo vecino de Pensilvania, la combinación causó un siniestro en una fábrica de productos químicos y, del modo más inesperado, el acontecimiento se entreveró con personajes de las Islas Canarias.
El pueblo es pequeño y su departamento de bomberos, en estricta correspondencia con sus dimensiones poblacionales, pronto se vio desbordado por la magnitud de la deflagración. Como no podía ser menos, en esta era de periodismo amarillista en la que vivimos, inmediatamente acudieron las televisoras locales y, entre las imágenes mostradas por las cámaras, destacó la figura del dueño de la empresa. El hombre, ya mayor, se lamentaba amargamente de que todas las fórmulas de los productos de más éxito comercial de la factoría reposaban en la memoria de los ordenadores del laboratorio, situado en el centro de la edificación. Encarando, con dolor que se le reflejaba claramente en el rostro, lo que podría ser su ruina financiera, el individuo ofreció repetidamente una recompensa de cincuenta mil dólares al equipo bomberil que rescatase los ingenios digitales. Pero como se podía ver nítidamente en la pantalla chica, la ferocidad de las llamas no daba para heroísmos. Ni siquiera aquellos que estuviesen muy bien pagados.
Como es común por estos parajes, cuando un departamento de bomberos de algún pueblo se declara impotente para controlar un incendio, enseguida se le suman los bomberos de los pueblos vecinos para colaborar en su extinción. En este caso, exactamente eso fue lo que ocurrió. Acudieron los tres departamentos de bomberos de los condados más cercanos para intentar sofocar las llamas en la fábrica.
El propietario, al ver que el fuego no daba tregua al contingente humano que se le oponía, y al borde de la franca desesperación, aumentó la recompensa hasta los cien mil dólares. Pero este incentivo poco cambió la situación.
Cuando ya el hombre daba todo por perdido, el radio de emergencia de las autoridades locales anunció que una delegación de bomberos canarios que estaban de pasantía en los Estados Unidos, recibiendo entrenamiento en técnicas modernas de combate de incendios, había decidido unirse a la batalla. ¡La noticia me cogió totalmente por sorpresa! Porque, la verdad sea dicha, aquí nunca se menciona nada que tenga que ver con mi adorada Canarias.
Al poco de escuchar la trasmisión, se vio emerger desde la distancia el camión de los visitantes. La verdad es que, por su edad evidente y pobres prestaciones, la máquina desentonaba un poco con el resto de la parafernalia modernísima de las locales. Pero para asombro de todos, con vocación mas propia de suicidas, el decrépito ingenio dejó atrás la línea de modernas bombas rodantes, aparcadas en las afueras de la fábrica, y con la misma velocidad que ya traía de la carrera, sin detenerse un segundo, se internó profundamente en el corazón de las llamas. Los canarios se desmontaron del vehículo como poseídos por el demonio y usando mangueras, hachas y mantas, batallaron contra la multitud de lenguas de fuego que les rodeaban por todas partes, cual caballeros medioevales batallando en las cruzadas. El espectáculo detuvo por momentos la respiración colectiva de la multitud que contemplaba incrédula la inminente tragedia. Hasta que estalló en aplausos emocionados viendo como los canarios finalmente doblegaron al incendio y emergieron, sudorosos y tiznados pero triunfales, con los preciados ordenadores de la fábrica como ofrenda para el sufrido propietario.
El ciudadano, conmovido por la valentía y donosura de los canarios, declaró ante los micrófonos su intención de donar no cien sino doscientos mil dólares al departamento de bomberos de una minúscula villa de las Islas Afortunadas que, con tanta oportunidad, le rescató de la desgracia y, acto seguido, se tomó el trabajo de felicitar efusivamente a todos y cada uno de los héroes. Yo, debo confesarlo, no cabía en mí de orgullo.
Las estaciones de televisión locales, conscientes de estar presenciando un hito en la historia moderna del estado de Pensilvania, inmediatamente rodearon a la media docena de gallardos isleños y les acosaron a preguntas que, entre el ruido de la multitud y las sirenas de sus colegas, eran casi imposibles de distinguir. Finalmente un comentarista se acercó al líder de los apaga-fuegos forasteros y, con voz clara y dicción impecable, le interrogó: "¿Qué pensáis hacer con todo ese dinero de la recompensa?"
A lo que el jefe del equipo replicó, sin dudarlo ni un segundo: "Pues, lo primero, arreglarle los frenos al puto camión que casi nos mata, ¡no te jode!"
servido por Leoncio
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3 Febrero 2011

8 de diciembre. 18:00 horas.
Ha comenzado a nevar. ¡La primera nevada de la estación! Mi mujer y yo nos hemos instalado a mirar la nieve caer, desde la ventana del salón de estar. Tomando cócteles y disfrutando la vista, la escena de los delicados copos flotando desde el cielo nos ha llenado de ternura. Parece un cuadro de Grandma Moses, como esos que vimos en el verano en el museo local. Es todo tan romántico que, por un momento, me ha parecido estar de luna de miel. ¡Adoro la nieve!
9 de diciembre. 10:00 horas.
Nos hemos levantado y nos ha dado los buenos días una bellísima alfombra de blanquísimo cristal, arropando cada centímetro cuadrado del paisaje. ¡Que visión de encanto! ¿Es posible que exista algún sitio más adorable que éste? Salir de España para instalarnos a vivir aquí ha sido una de las mejores ideas de nuestra vida. Hoy he usado la pala para acarrear la nieve por primera vez en mi vida y me he sentido como un chaval. He limpiado la entrada al garaje y las aceras de casa. En la tarde ha pasado el camión-barredora y ha cubierto ambas áreas con la nieve que había acumulada en la calle, así que pude palear de nuevo. ¡Cómo lo he disfrutado!
12 de diciembre. 14:00 horas.
El sol ha derretido toda la nieve de los alrededores. ¡Que desencanto! Bob, el vecino, me ha dicho que no me preocupe que, con toda seguridad, disfrutaremos de unas navidades blancas. Espero que tenga razón porque sería una pena no tener nieve para las Pascuas. Bob también ha comentado que, para el final del invierno, tendremos tal acumulación que la nieve me va a repugnar. ¡Como si tal cosa fuese posible! El tío es tan buena gente que bendigo la suerte de tenerlo de vecino.
14 de diciembre. 19:00 horas.
Nieve, maravillosa nieve. Anoche cayeron 20 centímetros y la temperatura bajó hasta menos 20. El frío hace que todo brille. Al salir de casa, el viento helado me dejó sin aliento pero me calenté paleando la nieve de las aceras y frente al garaje. ¡Esto si que es una vida saludable! La barredora de nieve volvió a pasar a media tarde y tapizó todas las áreas que yo ya había despejado, con la nieve de la calle. La verdad es que no me esperaba el tener que usar la pala tan a menudo, pero el ejercicio me ayudará a ponerme en forma. Por ahora solo me queda bufar y detenerme a cada rato, hasta recuperar el aliento.
15 de diciembre.
El pronóstico del tiempo menciona una precipitación de hasta 50 centímetros. Al enterarme, inmediatamente salí de casa, me fui al concesionario, vendí el turismo y me he comprado una camioneta con tracción 4x4. Al coche de mi mujer le he instalado neumáticos de invierno. También pagué por dos palas de nieve y, tras una parada en el hipermercado, he llenado el refrigerador de comida. Mi mujer quería que le comprase una estufa de madera por si se va la luz eléctrica. Le dije que no fuese boba que no vivimos en Alaska
16 de diciembre.
La tormenta de nieve se nos ha venido encima esta mañana. Me caí de culo mientras intentaba regar sal para derretir la nieve sobre la entrada del garaje. Me ha dolido más que una quemadura en las calderas del infierno. Mi mujer no ha cesado de reírse por casi una hora, lo que me ha parecido poco solidario y cruel.
17 de diciembre.
Todavía estamos por debajo de cero. Las calles están todas llenas de hielo e impasables. No hay modo de ir a ningún lado. Hemos estado sin electricidad por cinco horas. Tuve que echarme encima media docena de mantas para entrar en calor. El único recurso que me ha quedado es mirar a mi mujer y cerrar la boca para no irritarla más. Me imagino que todo iría mejor si hubiese comprado la bendita estufa de madera, pero no puedo admitirlo porque crearía un precedente fatal. ¡Como odio cuando la tía tiene razón! No puedo creer que me esté congelando el culo en mi propio hogar.
20 de diciembre.
La electricidad está de vuelta pero anoche han caído otros 30 centímetros de la puñetera nieve. ¡Otra vez a darle a la pala! Me ha tomado todo el día y la jodida barredora de nieve ha pasado dos veces, duplicándome la faena. He tratado de contratar a uno de los zagaletones del vecindario, a ver si me ayudaba a palear, pero me ha dicho Bob que ni lo intente porque es temporada y están todos los chicos jugando al hockey. No sé si creerle. He llamado a la única ferretería que hay en el barrio a ver si tenían una barredora de nieve portátil, pero se les han agotado. Me dijo el vendedor que esperan más para marzo. Me ha sonado a tomadura de pelo. Bob me ha advertido que, si no limpio las aceras y el garaje, el ayuntamiento podría multarme o enviar a alguien a que haga el trabajo y facturármelo a precio de oro. Creo que es un farol.
22 de diciembre.
Bob tenía razón con lo de las blancas navidades porque han caído otros 35 centímetros de la nieve de mierda. Con el frío que hace, probablemente no se derretirá sino hasta agosto. Me ha tomado 45 minutos vestirme para poder salir fuera y, cuando ya estaba listo, me han entrado ganas de mear. Cuando terminé de desvestirme, mear y vestirme otra vez, estaba tan cansado que no he tenido energía para palear. Le dije a Bob que le pagaría si me ayudaba a palear con su barredora portátil, pero me ha dicho que no tiene combustible suficiente para los dos, el mentiroso hijo de su madre.
23 de diciembre.
Hoy solo han caído cinco centímetros y la temperatura ha subido hasta cero. Mi mujer me ha pedido que ponga luces decorativas en el exterior, como tienen todas las otras casas del vecindario para celebrar la Navidad. ¿Está loca o qué? ¿Por qué no me lo ha pedido hace un mes, cuando el tiempo no estaba solo apto para pingüinos? Me ha dicho que sí, que me lo pidió en noviembre pero que no le hice caso. ¡Otra mentirosa!
24 de diciembre.
Quince centímetros. El camión-barredora ha empujado la nieve de estos días con tanta fuerza que ha adquirido la consistencia del concreto y hoy quebré la pala mientras intentaba desalojarla. Del disgusto casi me ha dado un infarto cardiaco. Si trinco al hijo de puta del conductor de la barredora, le voy a arrastrar por sobre la nieve, cogiéndolo por los cojones, y le voy a matar a palos con los trozos de la pala que he roto. Estoy convencido de que el cabrón ese me ha estado espiando y espera a que yo termine de palear, para pasar con su camión a mil kilómetros por hora, llenando las aceras y el garaje de casa del puto vómito blanco. Esta noche mi mujer me ha pedido que cante villancicos con ella y que abramos los regalos como es costumbre por estos lares. Pero le he dicho que no porque estoy muy ocupado mirando por las persianas, tratando de anticipar el paso del camión-barredora.
25 de diciembre.
Cincuenta centímetros más de la diarrea de hielo infernal. La mera idea de tener que palear me ha hecho hervir la sangre. ¡Como odio la nieve! En medio del cabreo, han tocado a la puerta y ha resultado ser el conductor de la barredora de nieve, pidiendo un donativo para no sé qué caridad. Le he dado de hostias con la pala hasta que se ha zafado de mi apretón y se ha escabullido, dando alaridos y corriendo, como alma que lleva el diablo. Mi mujer me ha dicho que no tengo por qué ser tan agresivo. ¡La muy imbécil! Si me hace mirar una vez más la película de Rudolf, el reno de la nariz roja, la voy a empotrar en el horno de microondas hasta que esté bien cocida.
26 de diciembre.
Sigue nevando. ¿Por qué coño nos hemos venido a vivir a este purgatorio? Ha sido su idea. Todo porque el mal nacido del marido de la hermana gana esto y estotro y por el cuento ese de que aquí hay curros bien pagados y nosotros no podemos ser menos que los cuñados. A mí, ¿que me importa lo que opine la bruja de su madre? Si estábamos tan bien, de mileuristas, en España.
27 de diciembre.
La temperatura ha descendido hasta menos 30 y se han congelado las tuberías. El fontanero ha venido, tras esperar por él, sin agua en casa, por catorce horas. Solamente me ha cobrado mil cuatrocientos dólares por el trabajo de reemplazar los trozos de tubería rota.
28 de diciembre.
Hoy ha amanecido más calentito. Tenemos solo menos 20 y más nieve. ¡Me cago en su puta madre! La perra de mi mujer me está volviendo loco.
29 de diciembre.
Otros veinticinco centímetros. El maricón del Bob dice que tengo que subirme al techo y palear porque, si no, con el peso se nos vendrá encima. Si será anormal el muy tarugo. ¿Qué clase de idiota cree que soy?
30 de diciembre.
El techo se ha desplomado. El conductor de la barredora de nieve, al que di más palos que a una piñata, me está demandando por un millón de dólares en daños y perjuicios. Argumenta que la paliza vaya y pase, pero que lo que es imperdonable es que le haya metido el mango de la pala rota por el culo. Mi mujer compró un boleto de avión para irse a vivir con la cerda de la madre y me ha abandonado. El pronóstico para mañana es de diecisiete centímetros.
31 de diciembre.
Le he pegado fuego a lo que quedaba de la casa. Se acabó la dichosa paleadera. Nada como empezar el año ligerito.
8 de enero.
Me siento tan bien. Especialmente cuando mastico las pildoritas esas blancas que me dan tres veces al día. Oye, pero espera un momento... ¿Por qué me han atado a la cama?
servido por Leoncio
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