Una de las circunstancias más molestas para quien, como yo, se considera binacional, por haberse criado en América, habiendo nacido y manteniendo raíces en el Reino de España y sus posesiones extra-peninsulares, es la terrible ignorancia de los hetero-ciudadanos con respecto a los que poseen la otra identidad.

La verdad es que estoy hasta los huevos del concepto ese, coreado casi por unanimidad en Celtiberia, de que los americanos no tienen ni puta idea de geografía. Como si los hispanos descendiesen todos de Américo Vespucio o Juan Sebastián Elcano. Sin ir más lejos, la última vez que estuvimos de visita en Barakaldo y, sumidos en una acalorada discusión con mi mujer acerca de la pronunciación correcta de Gernikako Arbola Etorbidea, nos metimos a un restaurante ubicado exactamente en ese sitio para preguntarle a uno de los locales; el diálogo transcurrió como sigue:

—Disculpe usted. Queremos saber cómo se pronuncia el nombre de este lugar, pero dígalo, por favor, lentamente porque somos turistas.

—MaaaacDooonaaaald’s.

Y así, podría seguir por horas. Los estereotipos parecen inagotables y en aras de remediar tal deficiencia y para contribuir a la tolerancia, el respeto y la libertad en la celebración y escogencia de identidades nacionales, es que os presento esta, mi muy abreviada, historia social de los Estados Unidos de America.

Veamos.

Los historiadores generalmente concuerdan con la noción de que los primitivos pobladores de Norteamérica fueron clanes y grupos muy reducidos de recolectores y cazadores, descendientes directos de Seth, ya que Abel falleció trágicamente sin dejar herederos. Con la excepción de los ateos y los mormones. Digo no que estos últimos fuesen descendientes de Abel, sino que, como filisteos que son, discrepan de la verdad verdadera. Pero ya se sabe que tales gentuzas están destinadas a arder para siempre en el infierno; el que, según Google Maps, está situado en Cupertino, California, en medio de los cuarteles generales de Apple.

En fin, estos grupos primigenios de americanos, que luego se propagaron por el mundo, subsistían a través de la caza de ciervos, renos y otras especies cornudas, incluyendo a los maridos, en las planicies y superficies boscosas en las que habitaban en los meses de verano y otoño. Durante el invierno se dedicaban a la pesca y el consumo de peces y langostas, en las áreas costeras o donde quiera que el correo garantizaba entrega en menos de dos días.

Los hitos fundamentales en la evolución de estos primeros brotes de civilización parecen haber sido dos: la destilación de alcohol y la invención de la rueda. Esta ultima ocurrió para hacer posible el traslado de los consumidores hasta donde estaba el alcohol. Las circunstancias que llevaron al descubrimiento del alcohol no se tienen del todo claras porque estos americanos originarios no sabían leer ni escribir, tradición que orgullosamente continúa hoy en día en los estados del Sur, y porque, una vez pedos, nadie se acordaba de tomar notas. Las escasas fuentes documentales parecen sugerir que inicialmente se inventó el alambique de destilación. Una vez creado el alambique, se hizo evidente que tal artefacto requería de materia prima para su correcto funcionamiento. Intentos previos con jabalíes, gansos y salmones solo produjeron jamón serrano y diversos patés que fueron desechados por ser propios de europeos y decadentes. La necesidad de beber alcohol sin tener que esperar al cambio de estaciones forzó el ritmo de la experimentación y tuvo como resultado último el hallazgo y uso de la cebada, el trigo, el maíz y otros cereales, los que se encargaron de suplir las compañías Kellogg y General Mills.

Lamentablemente, ni las botellas de vidrio ni las latas de aluminio se habían inventado, así que mientras los humanos primitivos aguardaban impacientes su entrada al mercado, decidieron tomar residencia permanente alrededor de la destilería. Este evento dio origen a la formación de la primera villa.

Una vez aglomerados en villorrios y pueblos, el característico espíritu emprendedor de los americanos entró en acción y, buscando alternativas más baratas que los Choco Krispies y los Weetos de Weetabix para la producción de alcohol, se produjo la invención de la agricultura. De ésta, por ser labor penosa y sin recompensas obvias para el ego masculino, se encargó a todos los que tuvieran algún defecto o incapacidad notoria: los negros, los latinos y los judíos. Como el Ministerio del Trabajo tampoco se había inventado, para evitar ausentismos laborales se decidió encadenar a los cultivadores, naciendo así la esclavitud. Posteriormente, con el advenimiento de Wall Street, Hollywood y el tráfico de drogas, se dejó en libertad a los judíos y a los latinos. Los negros no alcanzarían su emancipación sino hasta la aparición del rap y la guerra civil entre Tupac Shakur y Biggie Smalls.

Así que, en este estadio de la evolución social, nos encontramos con hombres que todavía salen de caza temprano en las mañanas para regresar al atardecer, hacer barbacoas y beber alcohol. Una vez borrachos, la actividad más corriente es dividirse en equipos y arrojarse lanzas y flechas unos a otros, a ver cuantos quedan en pie al final de cada noche; hasta que alguno sugiere cambiar los instrumentos punzantes por pelotas, para evitarse el coste de los puntos de sutura y las visitas a emergencia. Estos colectivos son los precursores del partido Republicano, el movimiento conservador y el fútbol americano, los que adoptan el símbolo del animal más pesado que existe sobre la tierra: el elefante.

Otros hombres, menos varoniles o hábiles, son impedidos de participar en el fútbol y, por ende, condenados a observar. Así que, junto a los esclavos, se dedican a actividades menores, como las ciencias, el teatro, el corte y costura, el tejido, la manicura y estética en general; o malgastan el tiempo en actividades consideradas indignas y degradantes como la producción de bienes no relacionados directamente con la caza, la guerra, el fútbol o el consumo de alcohol. Estos grupos dan origen a los colectivos de izquierdas, el partido Demócrata, los sindicatos de maestros y otros rojos y especímenes olorosos a azufre. En general, se considera que parasitan del esfuerzo de los Republicanos. El animal que escogen para sus tercos y afeminados rituales es la mula.

Con el transcurrir del tiempo, algunos de estos liberales evolucionan hasta transformarse en mujeres. Otros se quedan a medio hacer. A estos se les conoce como “gay” o, en términos políticamente correctos para los conservadores, tartas de fruta y maricones. Es digno de notar que algunas de estas mujeres liberales tienen mas testosterona que los hombres, lo que se puede observar en los sobacos peludos que muestran sin vergüenza alguna y en el hecho de que desarrollan atracción por otras mujeres.

Entre los logros de los liberales se encuentran la domesticación del gato, la terapia de grupo, el cotilleo, el llorar en las películas y el concepto de democracia, que se usa por primera vez para decidir cómo repartir toda la carne y el alcohol que los Republicanos han acumulado con tanto esfuerzo. Mayormente, por parte de los esclavos.

Forzados por los peligros de la extinción que han sido claramente exacerbados por la práctica del fútbol americano, los Republicanos abandonan la costumbre de darle físicamente por el culo al resto de los miembros de la sociedad y comienzan a copular con mujeres. En el futuro, solo continuarán sus actividades anales con el colectivo en forma de símil o metafóricamente. Me refiero, por supuesto, a las actividades de cara al público. A cambio de sexo, ofrecerán compartir sus raciones de carne y alcohol, pero demandarán de sus mujeres obediencia, afeitarse los sobacos y traerles cerveza del refrigerador mientras miran la televisión.

Los americanos de hoy en día continúan su proverbial reverencia por el alcohol, pero los detalles específicos de las predilecciones de mercado están divididos de acuerdo con la filiación ideológica de los consumidores. Por ejemplo, los liberales beben cerveza importada (añadiéndole rodajas de limón) con nombres amariconados, como Stella Artois y Pilsner Urquell, pero la mayoría prefiere una copa de vino blanco (Pinot Grigio o Châteauneuf-du-Pape) y aún agua mineral Perrier o San Pellegrino. De comer, el pescado en trocitos crudos, rodeados de una cinta de algas y arroz y la carne de res bien cocida, acompañada con una copa de Merlot del valle de Napa. La dieta diaria de los liberales incluye tofu, baba ganoush y platos de comida que uno no sabe si tomarles una foto, usarlos como juegos de mesa o ponerles un marco y colgarlos de la pared.

Los Republicanos beben bebidas domésticas, como cerveza Budweiser o Miller u orina, lo que esté más al alcance porque todas saben igual. De comer, pizza y carne roja, preferiblemente si todavía está adherida al animal y muge al morderla y güisqui Jack Daniel’s. Este último suple las necesidades de carbohidratos y también lo usan para curar heridas y limpiar las pistolas.

En términos de preferencias profesionales, los liberales prefieren oficios como los de trabajador social, abogado laboralista, corresponsal de prensa en Europa, hippie, lector de Paulo Coelho, diseñador de interiores y otras ropas menos reveladoras, terapista de grupo y director de cine. Los conservadores son generalmente cazadores, vaqueros del rodeo, cantantes de música country, leñadores, trabajadores de la construcción, oficiales de policía, torturadores, atletas, militares y otros oficios respetables y patrióticos que involucran el empleo de armas o no requieren usar el cerebro. Preferiblemente ambos. Los consejeros delegados y directores de empresa son también Republicanos pero contratan a contadores, gerentes e ingenieros extranjeros, preponderantemente canadienses, chinos e hindúes, para que se encarguen del negocio, mientras ellos tratan de quebrarlo, a base de generar gastos superfluos y otorgarse a si mismos gigantescos bonos salariales. En ocasiones, tienen éxito.

Según Rupert Murdoch, quien es, junto a Rush Limbaugh, uno de los individuos más influyentes de los Estados Unidos de hoy, los liberales producen muy poco o nada, pero les encanta gobernar y decidir que hacer con la producción. Limbaugh también sostiene que los liberales no son originarios de America, sino que vinieron de Europa cruzando el estrecho de Bering, una vez que se enteraron de que el salvaje Oeste americano estaba libre de indios, gracias a la labor conquistadora de John Wayne y Clint Eastwood.

En fin, lector hispano que me lees (en América probablemente habrías esperado a que saliese el CD relatando mi libro), espero que esta breve y compacta narrativa haya contribuido a eliminar los estereotipos de lo que son los Estados Unidos.

En mi opinión, apartando el hecho de que la democracia americana es la más antigua de entre todas las sociedades modernas y que sus ciudadanos la ejercen y la renuevan con más frecuencia y entusiasmo que nadie porque, en lugar de criticar todo el tiempo y no arrimar el hombro, como los españoles, se afilian a grupos de acción y trabajan por causas sociales con más ahínco que en cualquier otro país, la característica mas admirable de la sociedad americana es su dinamismo.

De muestra os dejo dos botones: así como un ícono de liberalidad, como Ben-Hur, acabó de presidente de la conservadora Asociación Nacional del Rifle, el citado Clint Eastwood, quien solía ser uno de los mayores ídolos culturales de los Republicanos, ha sido recientemente condenado al ostracismo por la tribu porque en sus ultimas películas muestra cierta conciencia social que es absolutamente imperdonable. Si estos no constituyen radiantes ejemplos de la grandeza de América, habrá que decir que son una clara señal de que la senilidad es una mierda.